Cuenta la historia que
una tarde de mayo de 1781 José Gabriel Condorcanqui, coronado como Túpac Amaru
II, preguntó a su enemigo y verdugo, el visitador español José Antonio de
Areche, por cuál razón se le condenaba a muerte, cuando este le contestó que por
subversión, el Inca le increpó: “Entonces tú y yo somos culpables, yo por subvertir
la ley del rey de Españay tú por subvertir la ley del Inca, por lo tanto ambos
merecemos la muerte”.
Más allá de la lógica
contenida en la respuesta del Inca, queda la reflexión sobre la misma: toda
guerra contra el establecimiento supone, entre otros, el enfrentamiento de dos
formas diferentes de entender y aplicar los conceptos de gobierno, justicia,
economía…. Esta reflexión explica las declaraciones de Doctor Eduardo
Montealegre, quien considera que el criterio con el cual el congreso escogerá
cuál sistema penal se aplicará a la guerrilla no puede ser el mismo que se
aplicó a los paramilitares en la Ley de Justicia y Paz, ya que estos al fin y
al cabo eran parte del establecimiento del cual se declaraban sus defensores.
Y es que los pueblos
americanos, desde el siglo XV, a raíz de la invasión de los barbaros venidos de
Europa, han tenido una cantidad de conflictos, materializados en verdaderas
guerras civiles o “de baja intensidad” o como quiera que las llamen los
eruditos. Lo cual no quita el hecho de que en todas ellas se cometan crímenes
horrendos o como los llaman ahora de “lesa humanidad”. Sin embargo hasta el
momento (y ya han transcurrido más de 500 años) no hay culpables, por lo menos
condenados o señalados, por la alcahueta, en que se ha convertido nuestra
historia oficial.
Ahora a Colombia, el país
con el conflicto interno más largo de América, le ha llegado la posibilidad de
cerrar el ciclo bélico y reescribir una nueva historia, sin embargo comienzan a
oírse las voces de quienes buscan en la prolongación del conflicto la ganancia
que deja el despojo de los más débiles, porque saben que la insurgencia no aceptará
el papel del malo de paseo, bien porque no lo sea y en caso de serlo no es el
único.
Por lo tanto si en verdad
queremos acabar con el conflicto, considerado como una más de las llamadas
“guerras asimétricas”, tendremos que aceptar la simetría en la culpa. Todos los
autores del conflicto desde sus orígenes hasta el día en que se firme la paz,
deberán pagar el mismo precio. Y si este es la cárcel entonces habrá que pensar
en ponerle cerca de seguridad a las fronteras patrias, ya que como en el pasaje
bíblico: Quien esté libre de culpa que tire la primera piedra, ya que acá son
pocos los inocentes.
Acaso pedirá perdón y nos
reparara, el gobierno español por el más espantoso etnocidio de la historia?
Quien o quienes
responderán por los miles de colombianos muertos sin haber tenido la
posibilidad de vivir bajo un techo digno o sin haber tenido acceso a la
educación o a la salud?. Quienes repararan a los miles de niños muertos en
Colombia de hambre o por culpa de enfermedades tratables, calificadas por las
autoridades mundiales de salud como muertes evitables?. Quienes repararan,
pedirán perdón y pagaran por los millones de desplazados, o por los miles de
muertos en falsos positivos o víctimas del fuego cruzado (o como también los
llaman “daños colaterales”) en esta guerra entre la subversión y el estado?.
Es lógico que del lado
del estado, representado en el campo de batalla por el ejército nacional y los
grupos paramilitares, hay culpables de muchos de estos crímenes, como también en
la sociedad civil, hay quienes han patrocinado grupos paramilitares autores de
bárbaros genocidios; también habrá que buscar culpables entre los políticos que
han justificado e incluso institucionalizado el accionar de las bandas
criminales, como quedo confirmado en las recientes investigaciones por la
llamada parapolítica.
Igualmente habrá que espulgar
y descubrir causantes de esta barbarie entre algunos ciudadanos aforados que
han predicado el odio hasta el punto de exaltar públicamente la acción del
paramilitarismo o de quemar libros como una expresión de odio e intolerancia.
Para colmo en una sola
semana murieron 44 colombianos víctimas de la guerra (once soldados y treinta y
tres guerrilleros) y aún hay quien argumente en favor de esta absurda masacre.
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