Existe el temor de que el Doctor
Zuluaga gane las elecciones del próximo 15 de junio. Temor basado en la torpe
campaña del candidato-presidente, que lo puede llevar a perder los comicios, a
pesar de tener la maquinaria del poder a su servicio, y para algunos, también por
el innegable cansancio de la provincia con el centralismo imperial de las
castas bogotanas durante los últimos cien años, las cuales no solo han dejado
postrado al país en el mundo pre-moderno, sino que son los culpables de la
larga guerra que nos ha venido desangrando en los últimos 60 años, a pesar de
que ahora quieran posar de pacifistas.
El reciclaje de las mismas
familias en las posiciones de poder nacional y el acaparamiento de los
beneficios de la modernidad, negados a las provincias, adonde solo llegan con
cuenta gotas las ventajas del desarrollo en arte, ciencia y tecnología, son
vistas como el castigo del centro por haberse atrevido a levantar las banderas
de las guerras civiles a finales del siglo XIX. Este monopolio del poder
durante tanto tiempo ha terminado no solo por cansar al resto del país, sino
que además ha desgastado a los ilustres apellidos sabaneros y es por eso que el
Doctor Juan Manuel Santos no ha logrado calar en el corazón de los colombianos
como el gran estadista que se cree.
Estas y otras razones, tal vez más
importantes, fueron sopesadas por el nuevo zorro de la política
nacional: el Doctor Uribe, quien sin ninguna consideración le “robó” la
candidatura de su partido al otro Santos (este aún más desastroso que su primo,
el presidente) y se inclinó por el antiguo alcalde de un pueblito perdido en
las montañas de la zona de colonización paisa, enviándole al país el mensaje de
que los gamonales pueblerinos también pueden llegar al palacio de Nariño, pero ocultándole el hecho de que el Doctor Zuluaga, es uno de los poderosos empresarios
del país y el líder más importante de la industria metalúrgica colombiana,
lo cual lo hace hermano de clase del candidato presidente, con el plus, negativo
para el país, que para él el poder es un negocio personal .
Además, si el candidato uribista
gana las elecciones, no solo estaríamos ante un simple relevo en la casta
dominante, sino que habría un ingrediente bastante peligroso: tanto el Doctor
Uribe, como sus aliados, forman parte de la élite de la llamada, por el Doctor
Turbay Ayala “clase emergente”, cuando les extendió la invitación a
co-gobernar, en la época en que manejaban la bonanza marimbera. Desde entonces
han venido incrustándose en el gobierno, con la ayuda de los nuevos caudillos
provinciales, representantes de la nueva sociedad narco que se ha posesionado
en forma ostentosa, en los puestos de poder regional.
Debemos estar advertidos, de
darse la victoria del uribismo, en los campos continuaran reinando los grupos
paramilitares, o de pronto los militares sin ningún sonrojo, desplazando a los
campesinos que no lo fueron en la primera oleada de despojo del octrenio del
“ubérrimo”, dejando el campo solo para los latifundistas, quienes junto a la tierra despojada a las miles de familias desplazadas, recibirán multimillonarias sumas de los fondos del reeditado AIS, gerenciado
por el exconvicto Andrés Felipe Arias ahora nuevo Ministro de Agricultura,
fondos que serán reinvertidos en mejorar las inversiones de los nuevos y viejos
empresarios agrícolas, o para la construcción de pistas de donde despegaran los
aviones cargados de la droga de los nuevos capos. Al mismo tiempo, el aparato
productivo será entregado a los inversionistas extranjeros, que llegaran por
cientos, atraídos por la mano de obra barata, gracias al recorte de las
prestaciones de los trabajadores nacionales, para quienes los días serán de 20
horas diurnas y cuatro nocturnas y además tendrán que pagar de su propio
bolsillo la seguridad social, todo dentro del marco de tercerización laboral, y
con la supervisión del nuevo ministro de trabajo Doctor Diego Palacio, quien
devolverá las EPS a sus antiguos y corruptos dueños.
Entre tanto, el nuevo delfín,
David Zuluaga, dejará de imitar al ubérrimo y con sus hermanos, imitará a Tomas
y Jerónimo, convirtiéndose en los nuevos ejemplos de la juventud emprendedora.
El Doctor Ordoñez desde el recién creado Ministerio
del Santo Oficio, se dedicará con pasión de cruzado, a perseguir a las putas y
maricas con la ayuda del ministro de justicia, Doctor Fernando Londoño;
mientras que el conflicto armado continuara tiñendo de sangre los campos y
ciudades, sirviendo, a los ojos de los
menos avisados de justificación, no solo del exagerado gasto militar en
detrimento del gasto social, sino también, de la continuidad en el poder del
Doctor Uribe, quien no tendrá que volver a violar la Constitución, ni a
repartir dádivas entre los congresistas para reelegirse, puesto que ahora habrá
descubierto la reelección en cuerpo ajeno, lo cual le dará tiempo para
dedicarse a dirigir el ejército de héroes de la patria, desde el ministerio de
guerra (nuevo nombre del antiguo ministerio de defensa nacional), desde donde
demostrará que va ganando la guerra mediante la aplicación de la tenebrosa
fórmula de las “matemáticas de la guerra”, consistente en contar cadáveres de
falsos positivos, fórmula inventada por la exministra y excandidata Marta Lucía
Ramírez.
