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miércoles, 8 de mayo de 2013

LOS VIVIDORES DE LA GUERRA

   

“Castaño murió. Ya lo sabíamos. Es hora de que resucite su elemental pero preciso ideario, la única manera de recuperar el alcance y la legitimidad de la paz que se viene discutiendo”
Fernando Londoño Hoyos Ex-ministro de Justicia de Colombia

José Aníbal Guerrero era un médico nacido en Guapi, lo conocí a finales de los años sesenta en la Universidad Nacional, recién llegado de Méjico, en donde había iniciado sus estudios de medicina, de allí venía huyéndole a la violencia desatada durante el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz y que había tenido su punto cumbre en la llamada “matanza de Tlatelolco”. El negro, como lo llamábamos sus amigos, era hijo de Miguel Ángel Guerrero un empresario de la industria pesquera, lo cual lo hacía miembro de una familia acomodada. Amante de los libros, tenía una impresionante visión crítica sobre todo lo relacionado con el arte y la cultura, pero su verdadero interés era la sociología. Quizá esto fue lo que lo llevó a cumplir la cita con su destino. Cuando lo invite a trabajar conmigo en la ciudad de Sabana de Torres en el Magdalena medio, nadie creyó que aceptaría vivir en un sitio en donde no existían librerías, ni teatros y por lo tanto estaría relegado a vivir sin el cine y el teatro, sus otras dos pasiones. Sin embargo su espíritu de sociólogo, lo llevo a aceptar el reto y terminó dirigiendo un movimiento cívico del cual fue su representante en el concejo municipal, hasta que un asesino llamado Camilo Morantes, agente del ejército paramilitar comandado por los hermanos Castaño, al servicio de la casta narco-derechista que nos gobierna desde los inicios de la república e iconos del santoral del exministro de justicia Fernando Londoño, dio la orden de matarlo.
En enero de 1998, Aníbal cayó víctima de dos balazos, disparados por una 9 milímetros mientras atendía en su consultorio particular, sin embargo no fue el primero ni el último de mis conocidos en ser inmolado por los sicarios del estado. Recuerdo que en las calles de Barrancabermeja cayeron asesinados Leonardo Posada (1986), congresista por la Unión Patriótica (QEPD) (pongo las iniciales porque este es tal vez el único partido político del mundo que ha sido realmente “asesinado”), Ismael Jaimes (1992), un periodista independiente y activista del Partido Unión Patriótica, abatido cuando llevaba a sus dos pequeños hijos a la guardería, Diego Fernando Gómez (2000) dirigente del sindicato de trabajadores del Instituto de Seguros Sociales, Elizabeth Cañas Cano (2000) trabajadora del ISS, e integrante de ASFADDES (Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos) y madre y hermana de dos de las 25 personas desaparecidas durante la masacre realizada por los paramilitares el día 16 de Mayo de 1998.
En Sabana de Torres además de Anibal fueron asesinados Jesús Eduardo Vasco (1984) concejal por la Unión Patriótica y su esposa Adelfa Campos (1984), dirigente de la Unión de Mujeres Demócratas de Santander; el primero cayó en la puerta del cuartel de la policía Nacional, mientras que su esposa fue perseguida y asesinada, una cuadra adelante. Manuel Ávila (1998), en su momento el más prestigioso dirigente agrario de Puerto Wilches y fiscal de la Central Unitaria de Trabajadores, fue amarrado a la defensa trasera de una todo terreno cuatro por cuatro y arrastrado durante varios kilómetros, su cadáver fue arrojado en las inmediaciones de Sabana de Torres.

Sería interminable continuar con la lista de muertos, sin contar con los desparecidos y los exiliados. El gobierno afirma que la expectativa de vida, en el país, ha aumentado, quizá sea cierto dentro del grupo de banqueros, senadores vitalicios, oficiantes del Opus Dei, de TFP y de todas las sacras congregaciones que pululan en el país, porque en el círculo de mis amigos el promedio no es tan alto. Si las estadísticas se hicieran discriminando preferencias políticas, se podría evidenciar que en Colombia, los sindicalistas, simpatizantes de partidos políticos de izquierda, así como sus líderes tienen una expectativa de vida menor a la media nacional gracias a esta guerra que algunos ciudadanos de mala memoria, azuzados por el exministro Londoño, el expresidente Uribe, el procurador Ordoñez, los ganaderos, los latifundistas y toda esa caverna reaccionaria emboscada dentro de la sociedad, beneficiarios del desplazamiento forzado que ha producido la violencia que muchos de ellos patrocinaron, desean que se prolongue en forma indefinida.

Luis Carlos Durán R.

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