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sábado, 11 de febrero de 2012

La guerra y la paz


"Lo maravilloso de la guerra es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus banderas e invocar solemnemente a Dios antes de lanzarse a exterminar a su prójimo."
Voltaire

Marx, tenía razón cuando escribió la anterior frase, la cruenta Revolución Francesa, que dio término a los días de la sociedad feudal, sometida a la prolongada preñez del engendro capitalista, lo corrobora. Lo que le faltó a Marx, fue describir como en medio de la violencia del parto, la madre siempre debe morir para dar paso al nuevo ciclo histórico. Ni Marx con esta frase, ni Mao Tse Tung, cuando planteó que “El poder nace del fusil”, se propusieron instigar la violencia de clases; ellos solamente sirvieron de notarios de algo que ha venido sucediendo en forma cíclica desde la aparición del hombre en la tierra.

La guerra es junto al trabajo una de las actividades propias y distintivas de la especie humana, ninguna, de las demás especies, tiene su capacidad para planificar en forma conciente y razonada labores productivas, pero tampoco ninguna planifica en forma conciente y racional la eliminación de su propia especie. Como fenómeno social es comprensible el uso de la guerra como método de relación humana, ya que esta atada en forma indisoluble a la necesidad atávica de manejar, usufructuar e incrementar el poder.

Las leyendas en todas las culturas nos permiten presumir que casi desde su separación de la familia de los Hominoideos, el Homo sapiens desarrolló el concepto del poder como un don entregado por los dioses, para disfrute de los elegidos.

En la mitología judeo-cristiana, Jehová (dios), le entrega al hombre un poder absoluto sobre todo lo existente, dándole al mismo una connotación violenta al autorizarlo a reinar sobre las demás especies aún a costa de la supervivencia de estas, tarea que ha venido cumpliendo con laboriosa solicitud y particular furor, desarrollando otra de las característica de la especie: la capacidad de ejercer el terrorismo contra los demás, especialmente contra lo diferente. Es así como Caín, se hace fraticida para posibilitarse el monopolio del poder. Abraham, padre de las tres religiones más importantes de occidente, se hace filicida (sino por acción si por intención) para mantener los lazos directos con la fuente del poder (Jehová). El reemplazo de Moisés, Josué, desarrolla toda una guerra de terror y de genocidio, contra el pueblo cananeo, en cumplimiento de una orden directa de un dios que solo habla inspira y reviste de poder a los dirigentes del pueblo israelita; todavía hoy en día sus descendientes continúan “su misión histórica y divina”. Sin olvidar que fue el propio Jehová el padre de la combinación de todas las formas de lucha, quien decide utilizar la violencia como expresión del poder divino: la muerte de los primogénitos de las familias egipcias compite en salvajismo e impiedad con la matanza de inocentes decretada siglos después por Herodes o con destrucción de Sodoma y Gomorra y es un acto tan criminal como la destrucción de Hiroshima y Nagasaki decretada por otro profeta del terrorismo en la primera mitad del siglo XX.


“Si vis pacem, para bellum”
Vegecio


El 12 de octubre de 1492, marca el inicio de la guerra de despojo aupada por la ambición del imperialismo español para incrementar su poder en Europa y por la extraña decisión de un dios ajeno, de imponer sus dogmas a golpes de espada, protagonizando el mayor etnocidio (y latrocinio) del que se tenga memoria en la historia de la humanidad sin que hasta ahora se haya iniciado un programa de verdad y reparación por parte de las altas cortes europeas, celosas guardianes de la justicia internacional, ni tampoco por parte de los “baltazares” que opinan, catalogan, tachan y descalifican a los otros terroristas a nombre de los reyes modernos, designados como los anteriores por la divina providencia y respaldados por la indiscutible fuerza de los poderes imperiales.

La primera mitad del Siglo XIX en nuestra América, se caracteriza por la violenta guerra de liberación, a muerte, con conductas terroristas, con fusilamientos sin formula de juicio, como cualquier guerra en donde se disputan posiciones de poder. 

"El operativo tuvo la luz del Espíritu Santo y la protección de nuestro Señor Jesucristo y de la Virgen en todas sus expresiones" 
El Ubérrimo

Ignorar que en nuestro país, no hay un conflicto grave, vergonzoso, es una pretensión ridícula por decir lo menos. El conflicto existe no solamente en el seno de todos los países americanos, sino también en los europeos, africanos, asiáticos y sus protagonistas e instigadores no son solo las FARC, la ETA o el IRA, sino también quienes patrocinan la muerte por hambre de los niños de nuestro Choco, y de los más de diez millones que también mueren de hambre y de sed en el África, o en los cinturones de miseria de las grandes urbes de los países subdesarrollados y también de los desarrollados; son, instigadores y culpables de violencia y terrorismo, quienes permiten que millones de hombres y niños mueran sin haber conocido la comodidad de un techo o el aula de una escuela. Negar que esto sean formas de terrorismo, es o cinismo o ignorancia, y no podemos creer que sean ignorantes los dirigentes y personajes políticos quienes han tenido la posibilidad de formarse en las mejores universidades del mundo.

Es necesario “separar la paja de la espiga”, con el fin de poder definir prioridades. Es de personas razonables proponer que deben resolverse las causas para evitar los efectos.

El terrorismo es el arma de guerra tanto de los poderosos como de los menos poderosos. Algunos lo definen como el acto demencial que utiliza armas no convencionales de destrucción masiva, perogrullada que da argumentos a los terroristas de ambos bandos ya que en la descripción encajan tanto los misiles sofisticados, que no respetan líneas fronterizas y depredan sin distinción ni consideración todo lo que haya a su alcance (respetando únicamente los PC personales), como las minas quiebra-patas que no distinguen entre un combatiente o un trabajador agrario.

Siendo el propósito de la guerra la eliminación física, cultural y social del opositor, no podemos menos que condenar a todos los actores armados y desarmados del conflicto, incluyéndonos. Por ser la guerra el perverso método de que se sirve el hombre para obtener o conservar el poder, conviene por el bien del futuro condenar la guerra, descalificar a los guerreros y comenzar a cambiar el método de comunicación entre los diferentes sectores de la sociedad por otro más civilizado, como podría ser: el dialogo y un pacto social más justo como condición “sine cua non” de convivencia y desarrollo.

Condenar a uno de los protagonistas del proceso bélico no conduce a la paz, solo tiene una connotación formal e incompleta de dejar constancias históricas inanes. Se hace imprescindible, también, la condena y la descalificación de los iluminados del siglo XXI, herederos del fundamentalismo religioso de la edad media, nuevos profetas fundadores de la curiosa y peligrosa “teología del terrorismo” que pretenden ver la mano de dios en cada una de sus propias manifestaciones bélicas.



jueves, 9 de febrero de 2012

LA GUERRA, PARA QUÉ???



“La violencia es la partera de toda sociedad vieja, preñada de una nueva”
Carlos Marx

Marx, tenía razón cuando escribió la anterior frase, la cruenta Revolución Francesa, que dio término a los días de la sociedad feudal, sometida a la prolongada preñez del engendro capitalista, lo corrobora. Lo que le faltó a Marx, fue describir como en medio de la violencia del parto, la madre siempre debe morir para dar paso al nuevo ciclo histórico. Ni Marx con esta frase, ni Mao Tse Tung, cuando planteó que “El poder nace del fusil”, se propusieron instigar la violencia de clases; ellos solamente sirvieron de notarios de algo que ha venido sucediendo en forma cíclica desde la aparición del hombre en la tierra.
La guerra es junto al trabajo una de las actividades propias y distintivas de la especie humana, ninguna, de las demás especies, tiene su capacidad para planificar en forma conciente y razonada  labores productivas, pero tampoco ninguna planifica en forma conciente y racional la eliminación de su propia especie. Como fenómeno social es comprensible el uso de la guerra como método de relación humana, ya que esta atada en forma indisoluble a la necesidad atávica de manejar, usufructuar e incrementar el poder.

"Lo maravilloso de la guerra es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus banderas e invocar solemnemente a Dios antes de lanzarse a exterminar a su prójimo."
Voltaire

Las leyendas en todas las culturas nos permiten presumir que casi desde su separación de la familia de los Hominoideos, el Homo sapiens desarrolló el concepto del poder como un don entregado por los dioses, para disfrute de los elegidos.
En la mitología judeo-cristiana, Jehová (dios), le entrega al hombre un poder absoluto sobre todo lo existente, dándole al mismo una connotación violenta al autorizarlo a reinar sobre las demás especies aún a costa de la supervivencia de estas, tarea que ha venido cumpliendo con laboriosa solicitud y particular furor, desarrollando otra de las característica de la especie: la capacidad de ejercer el terrorismo contra los demás, especialmente contra lo diferente. Es así como Caín, se hace fraticida para posibilitarse el monopolio del poder. Abraham, padre de las tres religiones más importantes de occidente, se hace filicida (sino por acción si por intención) para mantener los lazos directos con la fuente del poder (Jehová). El reemplazo de Moisés, Josué, desarrolla toda una guerra de terror y de genocidio, contra el pueblo cananeo, en cumplimiento de una orden directa de un dios que solo habla inspira  y reviste de poder a los dirigentes del pueblo israelita; todavía hoy en día sus descendientes continúan “su misión histórica y divina”. Sin olvidar que fue el propio Jehová el padre de la combinación de todas las formas de lucha, quien decide utilizar la violencia como expresión del poder divino: la muerte de los primogénitos de las familias egipcias compite en salvajismo e impiedad con la matanza de inocentes decretada siglos después por Herodes y la destrucción de Sodoma y Gomorra es un acto tan criminal como la destrucción de Hiroshima y Nagasaki decretada por otro profeta del terrorismo en la primera mitad del siglo XX.
 “Si vis pacem, para bellum”
 Vegecio
El 12 de octubre de 1492, marca el inicio de la guerra de despojo aupada por la ambición del imperialismo español para incrementar su poder en Europa y por la extraña decisión de un dios ajeno, de imponer sus dogmas a golpes de espada, protagonizando el mayor etnocidio (y latrocinio) del que se tenga memoria en la historia de la humanidad sin que hasta ahora se haya iniciado un programa de verdad y reparación por parte de las altas cortes europeas, celosas guardianes de la justicia internacional, ni tampoco por parte de los “baltazares” que opinan, catalogan, tachan y descalifican a los otros terroristas a nombre de los reyes modernos, designados como los anteriores por la divina providencia y respaldados por la indiscutible fuerza de los poderes imperiales.
La primera mitad del Siglo XIX en nuestra América, se caracteriza por la violenta guerra de liberación, a muerte, con conductas terroristas, con fusilamientos sin formula de juicio, como cualquier guerra en donde se disputan posiciones de poder.

LAS CHUZADAS


“Un inválido que carece de la grandeza de Cervantes busca un ominoso alivio causando mutilaciones a su alrededor”
Unamuno

Tal vez nunca se imaginó Nicolás Maquiavelo que el presidente de un desconocido (para él) país, quinientos años después de su muerte, emprendiera la ardua labor de actualizar y completar su obra maestra, sobre el arte de gobernar.
A propósito de las llamadas “chuzadas”, el Doctor Rafael Pardo le reclamo al gobierno que identificara al “Montesinos” colombiano. A partir de esta requisitoria, empezaron las especulaciones que pretendían descubrir la personalidad del emulo del oscuro personaje que se hizo celebre durante el régimen de seguridad democrática, en el vecino Perú y aparecieron los escuderos de siempre, con sus desgastadas rodilleras, a negar la existencia en Colombia de personajes de tal talla y en un verdadero festival de mentiras y verdades a medias, comenzaron a negar la existencia de eventos contrarios a la democracia nacional.
Por ejemplo, el Doctor Luís Carlos Restrepo y el último nombre en la interminable lista de jefes de la policía política, juraron ante el país que nunca, durante este régimen, se había espiado o intervenido en la vida intima de algún colombiano; mientras que el asesor estrella del régimen, el Doctor José Obdulio dijo que el escándalo por los seguimientos del DAS era un complot de la oposición contra el Ejecutivo. Sin embargo ante la evidencia cada vez mayor de que “las chuzadas” evidentemente existieron y especialmente ante el peligro de que fueran los periodistas de oposición quienes lograran conseguir las pruebas del delito, el titiritero mayor, oculto en las sombras de su palacio, dio uno de sus acostumbrados golpes maestros: Vicky Dávila, la agraciada presentadora de uno de los noticieros al servicio del régimen, en un momento de inspiración, logró después de una “brillante investigación” periodística descubrir la prueba reina de que el delito efectivamente había sucedido y que probablemente algún Montesinos criollo había dado la orden de investigar, chuzar e intervenir la vida intima de miles de colombianos sin importar su color político, ni su credo religioso, ni sus relaciones familiares.
En medio de vítores, de los agradecimientos de liberales, polistas y hasta uribistas, el pueblo se conmovió; una de la consentidas del régimen descubrió la verdad: El delito es real, solo falta un nombre, el del culpable, los demás nombres están allí: los senadores de la oposición, los ministros de estado, los magistrados de la Suprema Corte y probablemente hasta Tom & Jerry. Inmediatamente después de hacerse público lo que hasta el momento era un secreto a voces, la presidencia de la republica ofreció una jugosa recompensa a quien descubriera el nombre que faltaba, convirtiendo un episodio de la apasionante vida política colombiana en un vulgar reallity. Nunca antes se había ofrecido un premio tan jugoso en ningún lugar del mundo por adivinar algo tan simple. Basta con responder tres preguntas sencillas para averiguar quien es el oscuro señor de las sombras: Quien se beneficia con las chuzadas? Quien es el más brillante jugador en el mundo político colombiano? Y quien es el más paranoide de los colombianos?, es decir cual es el invalido mental, ávido de venganza y de poder?
Las respuestas apuntan al Ubérrimo, él se beneficia del delito.
A través de estos años ha demostrado ser el poseedor de una mente perversamente brillante.
Y últimamente su delirio, que lo ha llevado al extremo de considerar que responder una simple pregunta de un periodista, pregunta de que de otro lado se la hacen cuarenta y dos millones de colombianos, es una conspiración, debido a que ve conspiradores y enemigos no solo entre sus contradictores, sino también entre sus colaboradores, llegando al extremo de amenazar con “darles en la jeta”, siente la necesidad imperiosa de saber que piensan en su tiempo libre y que hacen o proyectan hacer los demás colombianos.
Además es obvio: El Ubérrimo no necesita de montesinos, ya que el se encargó desde el inicio de rodearse de mentes poco capaces. José Obdulio, al igual que sus primos “el osito” y “el otro” solo tienen capacidad para realizar el trabajo sucio, más no para proyectarlo. Los Doctores Santos?: El uno demasiado modesto como para interesarse en temas tan profundos y el otro, a pesar de tener las agallas y el perfil del conspirador aliándose con dios y con el diablo, como bien consta en su hoja de vida, no tiene la suficiente inteligencia como para montar una operación de esta magnitud.
Solo el Ubérrimo, acosado por la perversa sospecha de que el curita que escribe o recibe cartas de los guerrilleros sin su iniciativa, pueda llegar a tener más protagonismo que él mismo, o que el tímido Pachito pueda engrosar las filas de sus críticos, o, que quienes son capaces de enriquecerse utilizando su apellido y su paternidad, puedan llegar a convertirse en los Edipos modernos, es capaz de ordenar chuzar a todo el mundo, incluyendo a Monseñor Rubiano, a Pachito, a Doña Lina y a Tom & Jerry. Esto además de desviar las sospechas de su persona, lo protege además de sorpresas desagradables. El brillante cierre de la jugada consistió en hacerle llegar la información a Doña Vicky Dávila, agraciada del régimen, a quien de paso le paga su lambonería con una chiva que la puede llevar a recibir el prestigioso premio de periodismo Francisco de Paula Santander. O es Simón Bolívar?,... el premio, no el montesinos, claro esta.
Bucaramanga, 2009