AHORA ES EL MOMENTO, saluda con moderado optimismo, las negociaciones de paz que se iniciaran en las próximas semanas en Oslo, si es que los guerreristas del país lo permiten.
Presumimos que el ambiente que va a acompañar a este nuevo intento de poner fin al conflicto mediante el dialogo, no será el mejor, como se desprende de las posiciones que van asumiendo algunos de los actores más destacados del mismo.
La ultraderecha colombiana, frentera como siempre, representada por el expresidente Uribe y el exministro Londoño, condena al fracaso los diálogos, Uribe por ejemplo califica el intento como una “bofetada a la democracia” y considera que la única solución al conflicto debe ser “un sometimiento a la justicia” por parte de la guerrilla. Si estas posiciones fueran los únicos condicionantes a la solución del conflicto, podríamos ser optimistas, porque al fin y al cabo se trata de la opinión de los representantes de una minoría que en su momento deslumbró a la mayor parte de la opinión nacional gracias al poder mediático pero especialmente al poder armado que los respaldaron.
Nuestra preocupación viene de la posición que se vislumbra, entre líneas, de quienes aun no ostentan el titulo de ex” y que son interlocutores validos. En el caso del Presidente Santos su declaración de que: "No se va a entregar nada ni a ceder en nada" nos hace pensar, ojala nos equivoquemos, en que el Señor Presidente está en la misma línea del Expresidente Uribe, ya que si ésta es realmente su postura, lo que viene es una solicitud de entrega incondicional de los alzados en armas y no un dialogo real, o peor aun un globo para entretener a la opinión pública, mientras le dan argumentos al legislativo con el fin de que apruebe un marco jurídico que garantice aún más la impunidad, como se desprende del mensaje enviado al congreso por el recién posesionado Ministro del Interior: “en tiempos de negociaciones de paz, la seguridad jurídica para los militares es "objetivo prioritario" del Gobierno..”, ambientando así la aprobación de la reforma al fuero militar.
En consonancia con esto están las palabras del verdadero “amo”, el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, quien da “la bienvenida al profundo compromiso del presidente Santos para trabajar por la paz, y reconoce el valor y sacrificio de sucesivos gobiernos colombianos –y en particular del pueblo colombiano- para lograr este hito” y a continuación le envía su exigencia a la guerrilla: ”La FARC deberían tomar esta oportunidad de poner fin a sus décadas de terrorismo y narcotráfico, y permitir que el pueblo colombiano continúe construyendo una sociedad democrática, próspera y justa”.
Es decir el esfuerzo de la paz solo se le abona al gobierno actual e incluso a los gobiernos anteriores y no se incluye el esfuerzo del contendiente quien también, se supone, está poniendo la mitad del esfuerzo por llevar a buen puerto las negociones de paz y por el contrario mientras que desde el sector nacional, su contraparte, les exige la rendición incondicional, desde la contraparte gringa se les pide que permitan que se continúe con el “statu quo”.
Llama la atención las declaraciones del alto comisionado de la ONU en Colombia, Todd Howland, quien afirmó que en el marco de los tratados de protección y defensa de los derechos humanos suscritos internacionalmente es imposible indultar o dar amnistía a los victimarios de delitos de lesa humanidad, nuevamente en referencia al movimiento guerrillero; sin embargo los posibles crímenes de “lesa humanidad” de la contraparte, deben ser mirados desde otra óptica lo cual es un "objetivo prioritario" del Gobierno..”, según la opinión del ministro.
Dirán que en el discurso de las FARC hay también talanqueras al proceso que se inicia, es posible, pero a nosotros particularmente nos preocupan las del lado nuestro, es decir nos preocupa que nuestros representantes (el gobierno Colombiano) no esté actuando de manera seria y trasparente, al fin y al cabo la guerrillas son nuestra contraparte y allá ellas con la confianza que puedan generar o no ante la opinión mundial que tiene los ojos puestos en el proceso que recién comienza.